Revistas de moda para hombre vs. para mujer

Hace unos días cayó en mis manos el número de mayo de la revista Icon, la apuesta de Prisa por el sector masculino lanzada en noviembre de 2013 siguiendo la línea de Esquire. Hacía tiempo que no la leía y me sorprendí pasando tres horas bien entretenidas gracias a sus entrevistas, reportajes y firmas como la de la gran Eugenia de la Torriente. Si se fijan no hablo de editoriales de moda, ni de shopping lists, ni de inspiraciones de pasarela, ni de looks low-cost, ni de bloggers. Ninguna de las manidas secciones e ingredientes que abundan en las revistas femeninas y las hacen parecer a todas iguales (de aburridas). Aquí, aunque los imperativos comerciales también se hacen patentes –por ejemplo, a través de las entrevistas “patrocinadas” a Paco León, Boy George o Ana de Armas- prima una visión personal y, sobre todo, un contenido de calidad o, por lo menos, más elaborado que en las revistas homólogas femeninas. Viajar con Loro Piana a las Islas Vírgenes, descubrir los entresijos de los premios Laureus del deporte o bucear en el tiempo hasta los peligrosos años 30 en Estados Unidos son algunas de las experiencias destacadas que brindaba la revista a quien la quisiera leer; temas originales, que uno no encuentra fácilmente en la red, y que dan ese plus que se le presupone a la prensa si pretende sobrevivir en el reino digital.

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Imagen de Gael García Bernal en Icon

Y el de Icon no es el único caso. Hace unas semanas, en una de mis raras compras de revistas internacionales, me decidí por The Rake y el número de turno de Vogue UK. Kate Moss vestida por Topshop en portada me hizo adquirir la segunda que hojeé distraídamente en apenas 60 minutos sin encontrar ninguna pieza realmente interesante; ningún reportaje que marcar; ninguna editorial que me diera ideas… ¡Nada nuevo! Reconozco que me resultó entretenido el homenaje a la exdirectora de la cabecera británica, Beatrix Miller, donde se evocaban tiempos mejores para la revistas de moda pero poco más me sedujo, ni me sorprendió. Muchas secciones breves e información disgregada que va en contra del análisis y profundidad que considero necesita la prensa si quiere competir con internet con garantías. Y estoy hablando de la Vogue británica, no la española, que, por supuesto, tampoco se salva, más bien todo lo contrario. En cambio, en la edición internacional de The Rake encontré varios artículos inspiradores, que te detenías a leer con gusto mientras viajabas a otra época o descubrías un poco mejor a los grandes nombres del universo del lujo. El reportaje sobre los glamurosos vividores de la costa azul de los años 50 y la entrevista a Antoine Arnault –en portada- son dos ejemplos de estos contenidos de calidad que uno solo puede encontrar en The Rake, comprando su edición en papel.

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Apertura de mi reportaje sobre Bespoke en Dapper #6

Yo misma tengo la suerte de colaborar en una revista masculina: Dapper, trimestral y de alta gama, donde escribo reportajes y entrevistas en profundidad, exclusivos y únicos, que dan carácter a la publicación. Los míos y, por supuesto, los del resto del equipo lo que resulta en una revista con muchas cosas que contar, que, aunque cara, merece la pena, porque realmente informa, entretiene e inspira, cualidades que lamentablemente no encuentro (casi) nunca en las revistas femeninas. Sé que no es del todo correcto que lo diga yo misma pero la verdad es que lo siento así. Lo advertí hace tiempo cuando hablé de los (ego)blogs de moda: las revistas femeninas no deben mirarles a ellos como respuesta a todos sus males y replicar su mala praxis (la publicidad como fin). Todo lo contrario, tendrían que pensar qué pueden ofrecer de más en comparación a una blogger que se dedica a enseñar trapitos y comentar los eventos a los que la han invitado.

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Editorial en The Rake, enero 2014

Por ejemplo, en sintonía con los reportajes de calidad que uno puede encontrar en The Rake, Icon y Dapper, ¿por qué nadie se aventura en los talleres de los ateliers parisinos para presentar, en primera persona, a esas petites mains que trabajan como siglos atrás? ¿O por qué no dedicar líneas a personajes y firmas interesantes, más pequeñas, tanto de aquí como de fuera y abrir los ojos de la audiencia? ¿Por qué seguir con secciones breves de shopping y looks que llevamos viendo en Internet desde hace seis meses? No acabo de entender que nadie en las redacciones de moda se plantee estas cuestiones y se siga perpetuando un modelo caduco que hace años que acusa serias dificultades (y más que va a sufrir). Las grandes cabeceras tienen recursos, tienen contactos, pero les falta una buena dosis de imaginación y de riesgo para ofrecer algo distinto, más elaborado y personal. Así, mientras las revistas femeninas lo pasan mal, las masculinas florecen y se presentan como prensa especializada que ofrece contenidos por los que merece la pena pagar. Mirándolas a ellas pienso que todavía hay esperanza para el (buen) periodismo en papel.